Página personal. David Abarca

miércoles, mayo 21, 2014

BALI - INDONESIA

Un nuevo mes y un nuevo viaje. Ojalá pudiéramos mantener este ritmo, pero no será...
No habrá más salidas fuera de Camboya antes de que venga mi hermana a visitarnos en agosto. O igual sí.
El día 14 de mayo es el cumpleaños del rey Sihamonik y para celebrarlo hay tres días de fiesta oficiales, lo cual facilita planificar viajes sin mucho gasto en días de vacaciones.
Nosotros elegimos Bali, a pesar de que está bastante al sur, por la supuesta comodidad para viajar con niños por la isla. Como casi siempre, surgen anécdotas múltiples cuando viajamos y esta vez comenzamos con que la compañía aérea nos perdió el carrito de Darío. 
La llegada a Bali fue caótica, por la noche ya, después de las horas cinco horas y media de vuelo más otras cinco de enlace en Singapur. A esto le añadimos dos horas para pasar el control de pasaportes, y aún otra más entre búsqueda infructuosa de pertenencias y reclamación. El carrito se fue a Perth (Australia), nos enteramos cuando nos lo devolvieron cinco días más tarde. 
Los brazos de Amparo y míos están estos días más bronceados y sobre todo fuertes que cuando nos fuimos gracias a Tiger Airways.

Salvando este contratiempo, Bali nos ha encantado, nos ha parecido una isla muy especial. Playa, montaña, gentes agradables, cultura, tranquilidad o bullicio al gusto... Quiero pensar que los detractores de la isla que conozco han viajado en paquete turístico sin asomarse más allá de Kuta.
Esta época es temporada baja y supongo que eso también lo percibimos como un plus: temperaturas muy agradables de 28 grados, precios más económicos, y menos gente por doquier. Julio y agosto parece ser que son bastante "densos" por el gentío.

Ya bien metida la isla en el hemisferio sur, me gustaba que el sol saliese por el noreste. Comenzamos nuestra visita en Seminyak donde las playas nos recordaban mucho a las del Pacífico de Nicaragua, muy amplias con olas demasiado grandes que barren hasta 50 metros de arena cada en cada ida y venida. Para los surfistas perfecto, para los niños, no tanto. No obstante, sentir ese mar a mí me transportaba a una sensación poderosa de enormidad y pequeñez al mismo tiempo.


Después de dos noches aquí fuimos a Ubud, más o menos en el centro de la isla. En Ubud lo típico es ver los campos de arroz, diferenciar las tonalidades de verde, contemplar cómo trabajan los agricultores las terrazas y escuchar el sonido del agua cayendo de una a otra. Algo que puede parecer simple pero que transporta a otra dimensión. Además está la artesanía que se desarrolla en el lugar, casi toda con motivos naturales, arrocísticos más bien, y religiosos. Hay cientos de templos hindúes en Ubud, unos 10000 en toda la isla nos dijeron.
Bali se diferencia del resto del país por tener el 85% de la población religión hindú. Indonesia es el cuarto país más poblado del mundo y el primero con más musulmanes. Bali sólo cuenta con 2,5 millones de habitantes y sufre una gran presión demográfica por parte de los habitantes de otras islas que migran para buscar allí su porvenir. La relación es mala con el resto del país, quieren la independencia, como otras islas. Tienen su propia lengua, casi como en cada isla. La impresión que me ha quedado después de estos nueve días allí es que van a tener muchos problemas socio-políticos en el futuro. La población del país sigue creciendo mucho pero los recursos no. Como el petróleo, que va a menos y que tuvieran que salir de la OPEP hace unos años es significativo. Me hubiera gustado pasar a la isla de Java, a solo unos minutos en ferry de Bali para ver in situ la superpoblación de la isla de la que se habla.
En Ubud pasamos tres noches en un resort de los que dilatan el tiempo, fundido entre las terrazas de arroz y relativamente cerca del centro.



Desde allí visitamos el Monkey Forest, templos varios y llegamos en un viaje en el día hasta Kintamani para contemplar los volcanes Batur y Agung y el lago, y ver también una plantación de café y cacao más pensada para recibir turistas que para producir un café que cobraban a 70 dólares el kilo y del que compramos 200 gramos que aún no hemos probado. Un timo temo...



Entre tanto movimiento turístico los precios de las cosas suben y bajan escandalosamente en segundos; basta con preguntar cuánto cuesta algo en la calle y decir inmediatamente después de la respuesta que te vas para que el precio baje a la mitad. O los "errores" en cambios de moneda, o pagos en tiendas o restaurantes nos ocurrieron también. 
La bienvenida de Bali para la visa de entrada son 25 US$ por cabeza, la despedida: otros 22. Si a esto añadimos que a todos los precios oficiales había que sumar un 21% de tasas y servicios, convierte a la isla en un destino no tan barato.

Desde Ubud fuimos a Sanur, en la costa este. Las olas eran no tan grandes y además rompían muy lejos, en el arrecife de coral a unos 300 m de la orilla. La diferencia entre mareas era de unos 5 o 6 metros. Nos gustó el lugar para pasear y los niños disfrutaron la playa también pero estaba algo sucia para nuestro gusto. Una mañana vi a dos hombres limpiar toda la basura. Uno hacía pequeños montones cada cinco o diez metros y el otro la enterraba pero en el lado donde la marea acababa de bajar con lo cual al volver a subir, la basura aparecía y se expandía toda otra vez. Una pareja mayor de holandeses dijo que hacían eso cada mañana y la conclusión a la que llegamos es que lo hacían para mantener sus puestos de trabajo.


El último día nuestro avión salía a las nueve de la noche dirección a Singapur. Contratamos un taxi durante el día para visitar las playas de Nusa Dua y Jimbaran. Espléndidas ambas, y a tener en cuenta para acudir allí directamente la próxima vez que vayamos. Los resorts de Nusa Dua son Sofitel, Hyatt, Westin y otros amigos suyos, pero los de Jimbaran son más accesibles.