LAOS
Hace un par de semanas se celebró el Pchum Ben, se traduciría como la fiesta de los muertos y equivale más o menos a la Navidad "occidental". Antes de esa semana compañeras khmeres del trabajo de Amparo nos ofrecieron ir con ellas a la pagoda para ver cómo celebran la parte religiosa. Durante esos días los budistas van muy a menudo a las pagodas en busca del contacto con sus antepasados, hacen ofrendas y oran. Nos vestimos de blanco la camisa, de negro el pantalón, cocinamos arroz y compramos plátanos para los monjes, también flores y barritas de incienso, y además el dinero. Seguimos a Bopha, Kunthea y Sinieth allá donde nos decían tratando de absorver todo lo que podíamos. Mucha gente en la pagoda, haciendo ofrendas unos, intentando recibirlas otros. Aunque la comida y el dinero se va repartiendo en los cuencos de los monjes, después éstos lo comparten todo con los más necesitados. Nos echaron agua y nos bendijeron e hicimos como que rezábamos con todo el respeto aunque estábamos bastante perdidos tratando de pasar desapercibidos.
Esto fue un viernes y el domingo tomé un avión desde Phnom Penh hasta Vientiane, capital de Laos. Toda la semana del Pchum Ben las ciudades se quedan vacías y me tomé un "permiso" de ocho días para viajar solo. Laos me ha fascinado, su tranquilidad y sobre todo el paisaje: montaña, ríos y jungla son las tres palabras con que definiría el norte de Laos.
Viniendo de Phnom Penh, Vientiane me pareció una capital tranquila y ordenada, con un tráfico respetuoso hacia el peatón, sin humos, con aceras y espacios para pasear... lo "mismito" que aquí. La majestuosidad del río Mekong y las pagodas fueron las únicas similitudes que encontré en realidad.
Desde allí tomé un bus hasta Vang Vien, una pequeña ciudad a medio camino entre la capital y Luang Prabang. Vang Vien es muy bonita, en un enclave idílico para pasear y practicar deportes de aventura, y la única ciudad con vida nocturna de Laos dicen, y por lo que pude comprobar así es. Bastantes mochileros pasan por allí para practicar el tubing que combinado con el drinking termina muchas veces en dying. Hasta hace pocos años las estadísticas decían que moría un turista al mes ahogado o accidentado contra las rocas, buscando Vang Vien y tubing en Youtube es fácil entenderlo.
Cuando yo llegué llovía y en las siguientes 24 horas siguió lloviendo casi todo el tiempo así que no pude hacer otros -ing como trekking o cycling y me fui. Lo que sí hice, además de pasear, fue una de las cosas típicas allí que es cenar y tomar una Beer Lao en cualquiera de los restaurantes donde ponen ininterrumpidamente capítulos de la serie "Friends".
De Vang Vien tomé otro mini bus hasta Luang Prabang. La semana anterior había pasado por allí un tifón y había cientos de desprendimientos de tierra sobre la carretera; la mayoría leves, otros más graves donde todavía trabajaban excavadoras. A pesar de eso y de los baches las seis horas de trayecto se hicieron agradables entre un paisaje espectacular, la vida junto a la carretera, los cerdos, patos, perros, cabras y vacas cruzándola, los niños en bicicleta... Y las motos, no muchas en comparación con Camboya pero con una peculiaridad, mucha gente lleva el paraguas abierto en la moto, cuando llovía por la lluvia y cuando hacía sol para protegerse, y además los que llevaban paraguas no solían llevar casco.
Luang Prabang fue un descubrimiento, la conocía de oídas pero no esperaba una ciudad así. Me recordó a algunas ciudades coloniales de Latinoamérica, sobre todo por los balcones y tejados. Aquí los franceses construyeron y se quedó su mejor arquitectura durante los 60 años que estuvieron en Incochina. Pasear por los mercados, calles, pagodas, paseos junto a los dos ríos era relajante. Y saliendo de la urbe comenzaba la naturaleza. Alquilé una bici, subí en barco por el Mekong, me perdí caminando por Tad Thong, visité cascadas y pueblecitos de montaña... disfruté mucho.
Río Mekong desde las cuevas de Pak Ou
Palacio Real de Luang Prabang
Ceremonia de Alms Giving. Donde cada día los monjes de toda la ciudad salen a las 6 de la mañana para bendecir y recibir las ofrendas de la gente, y los flashes de los turistas. Hay controversia y leí que los monjes no quieren seguir realizando la ceremonia por lo que se ha convertido pero las autoridades han amenazado con que si dejan de hacer el Alms Giving contrararán a locales civiles para que se disfracen y los turistas puedan seguir madrugando para hacer fotos.
Mercado de comida nocturno en Luang Prabang
Barcaza para el transporte de pasajeros y por el río.
Tad Thong. Ni un solo turista y bastante respeto por la senda de 4 km a través de la selva. Recordé mucho la película "La selva esmeralda" en este lugar.
Poblado cerca de Tad Thong
Cascadas Tad Sae. En los días anteriores había llovido y el agua estaba marrón pero los ríos bajaban llenos. Aquí llegué después de pedalear 15 km desde Luang Prabang y tomar la barca, a estas cascadas sí llegaban turistas, algunos españoles también, y se podía montar en elefante. No me hubiera importado subir en uno como lo hicieron esa pareja. Aunque tengo que decir, que el día siguiente los vi paseando por la calle y él parecía que aún llevaba el elefante entre las piernas, apenas podía caminar deduzco que de la fuerza que tuvo que hacer en el agua para no caerse.
Desde estas cascadas regresé a la ciudad por un camino junto al río Nam Khan, un poco más largo pero bastante más llano que el de ida. Quería visitar la tumba de Henri Mouhout, explorador francés que murió de malaria junto a este río y al que se le atribuye el descubrimiento de Angkor para Europa (aunque habían pasado unos cuantos antes que él) pero no la encontré. Excusa perfecta para volver.
Desde el norte de Laos quería volver a Camboya por carretera pero decidí tomar un vuelo interno hasta Pakse de 1 hora y 40 minutos en lugar de las 24 horas de autobús más 12 de escala en Vientiane que además de molerme me hubieran hecho perder casi dos días de camino.
Pakse es otra ciudad junto al río Mekong, cerca de Tailandia, Camboya y Vietnam. En principio no tiene mucho en sí pero me gustó su ambiente. Pasee de arriba a abajo el lugar y paré a cenar en un restaurante junto al río donde conocí a unos laosianos que no hablaban inglés pero que insistían en la comunicación. Me vieron cenar solo y les debí dar pena, me ofrecieron sentarme con ellos y estuvimos bebiendo Beer Lao durante un par de horas y charlando a través de Google Translate. Después me querían liar con una de las camareras, tan guapa como naif, y como no veían predisposición cambiaron de estrategia y llamaron a su amigo gay, que quería jugar al voleibol. Fue una velada agradable. No me dejaron pagar nada cuando me fui , lo cual me hizo sentir algo triste cuando reflexioné y comparé culturas.
Desde Pakse bajé hasta las "4000 islas", que se encuentran dentro del Mekong ya muy cerca de la frontera con Camboya. El paisaje es bastante diferente en esta parte, con poca montaña alrededor y más calor. De entre las islas con infraestructuras elegí la isla de Don Det, de unos 8 km de perímetro. Lo que en un principio iba a ser la última parada técnica antes de cruzar la frontera fue una sorpresa por la vida rural, las sendas, la tranquilidad sin coches, el agua por todos lados, los campos de arroz, los búfalos... Alquilé una bici y soporté el sol dejándome llevar por los caminos, crucé por un puente a la isla vecina de Don Khon y seguí pedaleando.
En la parte norte de Don Det había unos cuantos establecimientos para backpackers, casi todos sobre el agua, pero había pocos turistas por la isla. Parece que este estaba siendo un mal año y poca gente estaba llegando allí. Me pareció un lugar perfecto para esconderse y pasar una semana desconectado.
Desde Don Det compré un billete el domingo 28 para llegar hasta Kratie, ya en Camboya. A las 8.30 de la mañana tomé una de las barcas junto a más turistas y en Ban Nakasang, nos esperaba un "agente" de la compañía Sorya que nos llevó hasta unas mesas y allí nos dijo que aparte de lo que ya habíamos pagado por el billete teníamos que pagarle a él otros treinta dólares en concepto de visa y gastos de gestión. Yo le dijé que ya tenía visa y aun así me pidió cinco. Del grupo que había en ese momento yo era el único residente en Camboya y las dos canadienses y las dos bielorrusas que estaban conmigo pagaron sin hacer más preguntas. La dinámica consistía en que le dábamos el pasaporte y una vez en la frontera el autobús pasaba sin tenernos que bajar y él se encargaba de poner los sellos y hacer el "control de sanidad" por nosotros. Todo ello parecía kafkiano teniendo que pagar sobornos pero esto último, de lo que no había oído hablar aún, me pareció indignante y le dije que no, ¿cómo podía hacer el control de pasaportes y de sanidad de la gente sin que les vieran la cara? Me estuvo intentando explicar "cómo funcionaban las cosas por allí..." y que había que pagar a la policía de los dos lados para que pusieran los sellos: dos para Laos, dos para Camboya y uno para el control sanitario. Empecé a preguntarle y comenzamos una especie de discusión en la que me dijo que era mejor que facilitara las cosas; que, aunque en los aeropuertos y en el resto de fronteras terrestres de Camboya (él era camboyano) ya se estaba trabajando en erradicar la corrupción y estaban instalando cámaras, en la frontera con Laos todavía no y que había que pagar a la policía para que hiciera su trabajo. Le dije, que llegado el caso, les pagaría yo pero que no le iba a dar a él mi pasaporte: "Up to you" me dijo.
Cuando por fin vino un camión a recogernos para llevarnos hasta la carretera y esperar allí a un bus que nos llevaría hasta la frontera habían pasado ya dos horas desde que se suponía que debíamos haber salido. En ese tiempo hicimos fotos y vídeos de lo que había por allí como por ejemplo de la comida local lista para cocinar que sale en este vídeo.
En el camión había otro grupo de turistas de nacionalidades varias. Uno de ellos había pagado y dado su pasaporte a otro "agente" que había desaparecido... Luego lo encontró en la frontera porque había salido con otros turistas y se había confundido con los pasaportes. Había una chica alemana que también vivía en Phnom Penh y se había negado a pagar y dar su pasaporte así que hicimos un poco de frente común y nos bajamos del bus algo temerosos en el puesto fronterizo de Laos, mientras que el resto pasó directamente a Camboya y nos esperaron allí.
Una vez en la ventanilla un oficial me pide el pasaporte y después dos dólares. Le pregunto por qué y me dice que porque es domingo. Le digo que ok, pero que necesito un recibo de ese dinero y me dice que no. Le digo que entonces no puedo pagar porque necesito justificar todos mis gastos y que siempre que pago dinero pido recibo. Se pone a hablar con su compañero, que estaba sellando los pasaportes del bus, y me vuelve a decir que no y yo también. Deja mi pasaporte a un lado. Pasa la alemana y lo mismo, le decimos que pagamos 35 US$ de visa al entrar al país y que si había que pagar más tasas necesitábamos un justificante. Nos empezaron a mirar mal y llegaron entonces no sé de dónde otra española y una colombiana que también vivían en Camboya, en Siem Reap. La colombiana, brava mujer, les dijo que quería ver la normativa o documentos donde pusiera que había que pagar dos dólares sin justificar. La mirada de los señores se tornó un poco violenta y empezaron a hablar más entre ellos hasta que finalmente nos devolvieron los pasaportes sin sellar y nos dijeron: "no vais a pasar, tenéis que volver a Laos..." Así que con toda nuestra impotencia e indignación, nos tocó meter la cola entre las piernas y "donarles" dos dólares por cabeza con no poca tensión. En el camino hacia el puesto de Camboya nos tocó parar primero bajo una sombrilla en el centro sanitario, que por cierto el resto del bus se había saltado, y empezamos diciendo lo mismo: que vivíamos en Camboya, que nunca habíamos visto eso antes y que no queríamos hacerlo ni pagar sin justificante. Nos dijeron que ok, que no cobrarían nada pero que rellenáramos la hoja. Uno de los hombres tomó una pistola láser de temperatura, que yo juraría que no funcionaba además de que tengo mis dudas de que fuera válida para tomar temperatura corporal, nos apuntó al cuello y nos dijo que podíamos pasar. No sabíamos si reir o llorar y con los otros dos dólares preparados fuimos a saludar a los oficiales khmeres pero nos sorprendieron porque no nos pidieron nada, ni siquiera lo insinuaron. Alguien había comentado que a veces la excusa que ponen para cobrar algo era que el dinero que piden es para comprar la tinta para los sellos del pasaporte pero no hubo problema.
Fuimos hacía el bus con un poco de remordimiento por la espera que estaban haciendo los demás pero resultó que era la hora de la comida y el bus paraba allí un "ratito" que fueron más de dos horas, otras dos! La razón no oficial era que estaban esperando más pasajeros para llenar los asientos. Salimos casi a las dos cuando la llegada prevista a Kratie eran las dos y media.
A partir de allí, otra odisea: la peor carretera que he visto en mucho tiempo. En los baches y barrizales más grandes se algunos hombres se tenían que bajar del bus y ponían tablones de unos cuatro metros para poder pasar y aún así rozábamos el suelo constantemente. Dos gallinas que había en una de las salidas cacareaban con cada tumbo. La velocidad era mucho más lenta que si hubiéramos ido en bicicleta, llegamos a Stung Treng a las tres y a Kratie a las seis y media. Me bajé con muchas ganas del bus y busqué alojamiento. Paseé, cené y dormí, y por la mañana volví a pasear junto al río, tratando de ver algún delfín; lo típico para los turistas aquí pero es complicado desde la orilla. Tomé una mini van local hacia Phnom Penh en la que íbamos 21 a pesar de que la capacidad era de 15 y llegué a Phnom Penh cansado pero con la impresión de que Laos merece mucho la pena.













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