Página personal. David Abarca

martes, abril 22, 2014

MALASIA

La última novedad se llama Malasia. Doce días de vacaciones aprovechando que en Camboya se celebraba el año nuevo Khmer en donde durante toda una semana la capital se vacía literalmente.

A las ocho de la mañana del día 5 nos recogió un taxista para ir al aeropuerto que se fue animando en conversación para practicar su inglés, creo recordar que tenía 52 años y dijo también que se iba en unos días a la provincia de Kampong Cham a ver a su abuela. Aunque ahora tenía su familia con mujer e hijos, su abuela de 92 años era la única persona que le quedó después de que los jemeres rojos asesinaran a sus padres, dos hermanos y tres hermanas. El "delito": su padre era médico, y su perfil entraba en el de "mentes contaminadas" y potencialmente contaminadoras de la nueva causa que debían ser exterminadas. Ya comenté en otro post que las evidencias delatadoras de ello eran por ejemplo llevar gafas, tener buenos modales, vestir bien, o no tener callos o heridas en extremidades... más luego estaban también las delaciones expiatorias de cualquier pobre ciudadano que sin saber cómo terminaba en la S-21 o similar, y que en su desesperación por evitar más torturas daba cualquier nombre para intentar liquidar su sufrimiento.

Creo que hay muy poca gente que no tuviera grandes pérdidas durante aquellos cuatro años 75-79. La mayoría de la población nació después, es decir, son más jóvenes que yo, pero todos tienen el "legado" de padres, abuelos, tíos... Me gustaría hablar más de este tema con la gente pero es delicado. Cuando vemos con Amparo a alguna persona más mayor, de 50 para arriba, nos preguntamos a veces por todas las experiencias de guerra que deben llevar encima: primero los americanos con sus bombas e incursiones anti-vietcong que dejaron 300.000 muertos en Camboya, después los jemeres rojos que exterminaron entre 2 y 3 millones de personas y por último los vietnamitas que ocuparon y expoliaron el país durante 10 años más.

Nuestro vuelo a Kuala Lumpur fue con Malaysia Airlines, la compañía que está bajo los focos últimamente y que estará en nuestro recuerdo por un tiempo. Cuando ya estábamos en la cola de embarque, las familias con niños al frente, pegatinas varias colocadas, pasaportes y pasajes en mano... parpadeó la pantalla y el vuelo se retrasó nada menos que doce horas. De once de la mañana a once de la noche. Confusión, enfado, lío, quejas, muchas preguntas y sólo dos respuestas: "Technical problems" y "I´m not allowed to give more information". Eso era un Babel de lenguas y culturas, todos explicando que tenían sus conexiones a otros países, bodas, familias esperando, etc. Nos llevaron a un hotel, las maletas no las vimos hasta el día siguiente, y por la tarde noche nos dicen que hay otro "delay" de ocho horas más: 7 a.m del día 6.

La parte positiva es que nos alojaron en un hotel 4* y que conocimos a mucha gente (con la misma adversidad). Una familia de Yemen nos invitó a quedarnos en la casa de su hijo en Kuala Lumpur (declinamos por el jaleo que transportamos con los niños pero es increíble la hospitalidad de la mayoría de musulmanes). Amparo puso cara de sorprendida cuando la madre dijo que tenía cinco hijos y el hijo añadió entonces "tengo un tío que tiene 28" (con dos mujeres).

Una vez en Kuala Lumpur y solucionados los problemas de reservas, cancelaciones de hotel y otras molestias por culpa del retraso, me gustó. No es muy recomendable para viajar con niños; gran urbe con grandes distancias poco pensadas para caminantes. El transporte público parecía funcionar bien aunque algo saturado a veces. Después de acostumbrados al caos se nos hacía raro otra vez ver que el tráfico puede ser organizado. Tuvimos la mala o buena suerte de que el día que fuimos a las Petronas estaban cerradas por mantenimiento (esto pasa todos los lunes y es sólo para los accesos turísticos al puente y las terrazas). Intentamos reservar para subir a las torres el martes pero estaban llenos los cupos para los dos días siguientes así que las paseamos por dentro y por fuera y nos fuimos a subir la torre Menara, de 421 metros (por cierto que las plantas inferiores del interior de las torres están repletas de tiendas de lujo y Zara tiene allí su hueco entre Gucci, Chanel o Bulgari).

Todo el distrito financiero está lleno de edificios altos, muchos son hoteles. La vista del skyline de KL desde la torre Menara es de las que más he disfrutado en mi manía por intentar subir siempre a los puntos más altos de las ciudades.




En los tres días que estuvimos en KL paseamos por el Chinatown, templo Sri Mahamariammam, Merdeka Square y zona centro donde se mezclan iglesias, mezquitas y otros templos con edificios coloniales.



De KL tomamos un bus a Melaka. Ésta sí principal ciudad histórica colonial fundada por portugueses, conquistada más tarde por holandeses y tomada finalmente por los británicos. Más agradable y manejable para el caminante. Recorrimos tranquilamente el río y el casco histórico durante tres días además de aprovechar la piscina del hotel todo lo que pudimos. La piscina ha sido y será probablemente a partir de ahora una condición en los hoteles a los que vayamos. Esta foto está tomada en el interior de la puerta de Santiago, me gusta porque es representativa de la religión del país, el islam. Mucha mezquita, aunque en Melaka fue el único lugar en el que oí la llamada a la oración. Me llamó la atención que en las brújulas de los mapas de las pantallas de los aviones de Malaysia Airlines donde aparece el recorrido del avión, además del N, S, W, E aparecía también la localización de la Meca y la distancia a la misma en tiempo real.


A Borneo volamos el viernes. No estábamos seguros de que fuera un buen destino para viajar con los niños pero fue perfecto. Con una extensión casi 1,5 veces la de España se reparte entre tres países: Indonesia, Malasia y Brunei. Es un lugar ideal para perderse en la naturaleza. Nos hubiera gustado llegar hasta Sepilok y ver a los orangutanes en libertad, caminar por los bosques buscando rafflesias (flores de un metro de diámetro y 10 kg de peso) o subir el monte Kinabalu, pero nuestra logística no nos da para tanto así que fuimos al parque de Lok Kawi para ver animales autóctonos pero "recogidos": elefantes pigmeo, orangutanes, monos probocis... y visitamos dos de las islas del archipiélago Tunku Abdul Rahman: Manukan y Sapi se llamaban y éstas fueron las dos sorpresas. Playas con aguas cristalinas y arrecifes de coral a 50 metros de la orilla, muchos peces como los payaso, dragones komodo en Sapi (2 metros de largo), y sendas por la jungla en el interior de las islas que provocaban estado de trance y deseo de convertirse en Robinson Crusoe.