Página personal. David Abarca

jueves, diciembre 05, 2013

CAMBOYA V

Estamos en diciembre y es raro seguir en manga corta y no percibir el ambiente navideño. Algunos comercios sí han decorado sus escaparates o sus árboles exteriores con luces y hasta los camareros se ponen cuernos de reno pero son los menos y además se nota mucho que es pura estrategia para atracción y venta. Aunque en España es igual. Los días 24 y 25 son laborables y nuestra intención es que los niños vayan al cole, ya veremos.
Tenemos como novedad que han comenzado las obras en el solar que tenemos justo enfrente de casa.

Ya viven allí 16 personas, 14 hombres y 2 mujeres (de momento) que van a ir construyendo "poco a poco" un edificio de catorce plantas en diez meses dicen, y que nos tapará la vista estupenda que tenemos ahora. Un desastre, y más teniendo en cuenta cómo trabajan aquí: contratan a grupos que suelen ser familias y se van a vivir a la misma obra (en ocasiones con niños incluidos) trabajando todos los días de la semana, sin horarios y hasta algunas noches también, como la del pasado viernes aquí que vinieron a descargar a la una de la mañana los dos contenedores. En enero iremos pensando en mudanza.

Algunos me han preguntado si Camboya es un país en desarrollo y supongo que la respuesta es sí pero me temo que al mismo nivel que España hace diez años en cuanto a boom inmobiliario. En Phnom Penh se construye muchísimo pero parece que es más por negocio que por necesidad, y lo peor de todo es que no se tienen en cuenta ni la optimización en la calidad de vida de la ciudad (haciendo aceras, aparcamientos o soterrando los cables) ni mucho menos los derechos de los obreros y obreras. Aunque esto suele darse en otros sectores: sueldos de 80 o 100$ al mes, sin contrato, sin seguro, sin descansos semanales...
Parece que los coreanos del sur van aquí a la cabeza en construcción a la española. Caiga quien caiga.

Los dos últimos días no hay tanto bullicio en la obra y yo pensaba que era porque se les apodera el agua que se filtra por el suelo y que casi no dan a basto a retirar con tres motobombas, pero ahora creo que es porque les han dado un toque los del funeral de la calle 51. Hoy hace una semana que montaron dos carpas tipo "Fallas" en mitad de la calle y que al principio pensábamos que eran por una boda, con gente trajeada, cátering, comida y música (no tan alegre y con mucho gong). Cuando vimos después los crespones negros y unos días más tarde al muerto en procesión con comitiva militar y cámaras de TV ya estaba claro. Hoy seguía oyendo desde la ventana a los monjes y he preguntado a la regente de nuestro edificio que quién se había muerto y cuánto iba a durar el entierro. Y me ha dicho que era un político importante y que iba a durar dos semanas. Así que he pensado que quedaba una semana más de concentración de Lexus 4x4 con chófer bloqueando las calles colindantes. Pero por la tarde, de repente han desaparecido las carpas, los coches y los militares así que igual se han ido con el muerto a otra parte si en realidad son dos semanas.

Hace tres fines de semana fue el Water Festival  en Camboya (se festeja durante cuatro días el cambio de rumbo de las aguas del río Tonle Sap) pero las celebraciones se suspendieron por tercer año consecutivo para destinar los fondos a los damnificados de las inundaciones, aunque eso no se lo cree nadie.
Nosotros nos fuimos a la ciudad costera de Kep. Antiguo resort colonial junto al parque nacional del mismo nombre. Muy bonito lugar donde lo más típico es comer cangrejo. Éstas son algunas fotos.







Además del lugar la gente era muy agradable también y volvimos con ganas de volver. Lo malo era que entre tanta vegetación se hacía difícil tener intimidad y evitar a los animalitos. Una mañana que Aitana se despertó a las cinco y media nos fuimos a ver el amanecer a la playa, ella iba en la sillita sentada y al acercarme para darle una galleta vi que tenía algo junto al cuello, era una rana. Y la mañana siguiente en el hotel Amparo se encargó de despertar no con susurros a los vecinos que aún quedaban despiertos a esa hora (por suerte ya no era tan temprano) cuando se topó con otra rana en medio de la cama. Cuando entré a la habitación para ver qué pasaba no hubiera podido decir cuál de las dos tenía los ojos más salidos por el susto. 

Y es que la pobrecilla venía de otro susto parecido. En casa, en PP, tenemos a veces unas lagartijas que deleitan a Darío y que nos vienen bien porque se alimentan de mosquitos. Pero Amparo tuvo la mala suerte de meter un día la mano en un paquete de galletas y encontrarse con una que estaba tan seca como las Chips Ahoi.

Y como última excursión hace dos semanas me fui una mañana en bicicleta hasta el Killing Field más cercano a PP. Dicen que hay unos 500 repartidos por todo el territorio. Éste era el memorial de Choeung Ek, el más representativo del país porque fue reconvertido en museo. 
El tráfico, el polvo y los baches hicieron que los 15 km se me hicieran muy largos. Paré a comprarme por fin lo que muchos llevan aquí en la calle y ésta fue la cara que me quedó.


Los Killing Fields eran los campos de ejecución que utilizaban los jemeres rojos entre 1975 y 1979 para eliminar en masa a todo aquel que creyeran una amenaza para su causa. Normalmente se llevaban por delante al "culpable" y a toda su familia para evitar más "contaminación". Todo lo que fuera signo de intelectualidad y occidentalismo era igual a pena de muerte: llevar gafas, hablar otro idioma, tener las manos finas, ser educado en las formas... (los jemeres prohibieron cosas como colegios, dinero, religión, mercados o comercio) así que todo el que tuviera algún antecedente relacionado trató de renunciar a él pero las purgas y las confesiones bajo tortura llevaron a 17000 personas sólo en Choeung Ek a morir (en total en esos años se calcula que murieron entre dos y tres millones de camboyanos por hambruna y ejecuciones). Todos llegaban desde Tuol Sleng (S 21) en camiones por las noches y a la mañana siguiente ya estaban en las fosas comunes. Como las balas eran caras utilizaban cualquier otro método, normalmente golpeando la cabeza con barras o aperos y después degollando, a veces con las hojas duras de una planta parecida a la palmera que tienen forma de sierra.
El lugar hoy en día parece un remanso de paz, con mucha naturaleza y casi ninguna estructura original de aquel tiempo.

Pero leyendo la historia en los carteles del museo o a los pies de las fosas o de los árboles o viendo los osarios en las vitrinas es cuando se me hizo uno de los lugares más tristes que he conocido.