CAMBOYA III
Ayer crucé al otro lado del Mekong. Crucé a la antítesis de Phnom Penh (PP).
Unos veinte minutos en barco sobre más de 10 metros de agua a lo largo de casi dos kilómetros entre una orilla y la otra. El periódico de hoy dice que el nivel de emergencia está establecido en 10.5 m a su paso por PP pero el caso es que aunque la capital sólo está inundada en un par de zonas, al otro lado del río es otra cosa. 10.000 familias evacuadas y 47 muertos por el momento entre todas las provincias afectadas de Camboya parece algo habitual cada vez que las tormentas tropicales afectan a China y Laos.
En cuanto dejé a los niños en el cole cogí mi bici japonesa y fui directo al embarcadero más próximo a nuestra casa. Tenía muchas ganas de cruzar después de tantos días mirando el otro lado. Hay barcos cada poco tiempo, sin horario establecido: en cuanto llega uno baja la puerta, vomita vehículos, gente y mercancía y succiona todo lo que esté esperando en la orilla. No está muy interiorizada la premisa de "dejen salir antes de subir" así que el lío en la rampa era previsible.
El trayecto fue agradable. El agua bajaba más rápida que otros días, a pesar del color marrón del río se podía ver bien la dirección del agua por las plantas, troncos y árboles enteros que arrastra. Como dije en el post anterior justo en PP desemboca en el Mekong un afluente llamado Tonle Sap y que con la crecida del gigante en la época de lluvias se convierte en receptor de sus aguas de manera que el Tonle Sap discurre ahora en dirección contraria hacía su "nacimiento" que es el lago que también se llama Tonle Sap y que está unos 140 km aguas arriba, o abajo, según se mire. Este lago tiene 2.700 km2 de superficie en la temporada seca y llega hasta casi 10 veces más: 25.000 km2 ahora, en el mes más lluvioso y cuando el Mekong lo inunda con todo lo que no consigue tragar el mar.
Así que en el Riverfront de PP una parte de las aguas del Mekong hacen un giro de casi 180 grados para cambiar rumbo al norte por el Tonle Sap, y la otra gran parte sigue dirección sureste hacia el mar. Desde el barco se puede ver el giro, a mi me resulta muy interesante este fenómeno.
Llegando a la otra orilla lo primero que se ve son las casas flotantes. Todo lo urbano que tiene la orilla oeste lo tiene de rural la del este: apenas tráfico motorizado, bastantes bicis, ni un solo camino o calle asfaltados, muchas vacas, arroz sembrado en muchos patios de las casas, las pagodas llenas (estamos en la fiesta del Pchum Ben que es la fiesta de los muertos). No hay núcleos urbanos o rurales, casi todos los caminos son un continuo de casas cada una con su pequeña plantación de arroz, mangos, plátanos, y también algunos animales como vacas, bueyes o gallinas. Algo que me llamó la atención es que muchas de las tiendas de comestibles son también "gasolineras" que venden gasolina en envases de vidrio de coca-cola de 1 litro. En PP es común ver gasolineras ambulantes pero en tiendas donde las botellas de refresco se confunden con las de gasolina no las he visto todavía.
Vi bastantes casas inundadas y un centro de salud y un colegio también aunque no parecía que hubiese ningún problema con ello. Los niños, que estos días ya no tienen cole, me gritaban sin cesar la palabra mágica para que se la devolviese: "hello". Aunque les hace más gracia cuando respondo: "Soosah-day, sok sah-bay?" (Hola, cómo estás?) porque entonces piensan que hablo khmer y me siguen la corriente, y ahí ya nos reímos todos sin entendimiento supongo que porque la risa es un lenguaje más universal.
Para la vuelta tomé otro ferry que cruzaba unos kilómetros más arriba hasta la península que separa los dos ríos. Esta vez solo pagué 300 rieles (0.08 US$) a diferencia de los 1.000 de la ida en la que también me cobraron por la bici pero que aun así son 25 céntimos de dólar. Conocí a una chica en el trayecto que me contó que estuvo casada con un australiano y me reconoció que muchas veces los precios sí son diferentes para los locales y los extranjeros.
Me suele pasar que camboyanos que hablan algo de inglés y que deducen que yo vengo de Oxford se me acercan para practicar un poco. Me cuesta mucho filtrar su acento y entender de qué va la conversación pero me esfuerzo y obtengo buena información a veces.
A la llegada al dique había que saltar unos sacos de contención y mojarse luego los pies en la charca posterior. Como a la ida, los que querían entrar al ferry junto a los que queríamos salir provocamos un colapso de cinco minutos sin que nadie se pudiera mover. Un pelín de agobio tuve. Desde la península hasta PP crucé por el puente japonés sobre el Tonle Sap, algo arriesgado que no sé si volveré a reptir en bici. Los coches por la calzada, las motos por la acera y las bicis y peatones esquivando la marea bien pegaditos a la valla.
Los japoneses están construyendo un segundo puente paralelo que imagino aliviará bastante el tráfico del único que hay para cruzar al otro lado y que comunica la capital con el norte del país. Lo que se ve en este vídeo es el puente japonés sobre el Tonle Sap.
El martes de la semana pasada fue festivo (alguna otra conmemoración monárquica creo recodar) pero los niños tenían colegio así que Amparo y yo aprovechamos para pasar un día de novios. Visitamos el museo Tuol Sleng, nos dimos un masaje tradicional khmer (algo que vamos a intentar hacer más a menudo) y comimos por fin en un restaurante sin tener que levantarnos quince veces para buscar a Darío.
Del museo Tuol Sleng comentaré más cuando hable un poco de la historia del país, que es intensa y terrible sobre todo en la segunda mitad del siglo XX. Estoy alternando un par de libros de historia de Camboya: "A history of Cambodia" de David Chandler y "The Gate" de François Bizot.
Amparo sólo pudo ver una parte del museo porque le sobrepasó la crudeza de lo que cometieron allí dentro los jemeres rojos. A mí me impresionó bastante también; lo han dejado todo tal como quedó hace 34 años cuando los vietnamitas invadieron Camboya y terminaron con Pol Pot y su régimen. La S-21 o Tuol Sleng era el centro de "interrogatorios", los que salían vivos de aquí era para ir a los "killing fields" donde morían a golpes o degollados. Las paredes y suelos están salpicados de sangre, las celdas con charcos de lo mismo, los camastros con las baterías de coche para las descargas y otros instrumentos de tortura, las fotos que hacían a los prisioneros nada más llegar al centro, huesos, cráneos rotos... todo sigue ahí. Además de los testimonios de familiares de víctimas, de supervivientes y de verdugos que ponen los pelos de punta y más sabiendo que todo el mundo en Camboya tiene testimonios terribles en su memoria, vividos en primera persona hace menos años de los que yo tengo ahora.
En fin, retomaré Tuol Sleng en cuanto vaya a los campos de la muerte o más conocidos como "The killing fields". Hay una película que se llama así, en español: "Los gritos del silencio" y que recomiendo a los que quieran saber más sobre los días de gloria de los jemeres rojos.
Este próximo fin de semana cambiamos de periodo histórico. Nos vamos a Angkor.






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